AFRODITA DEL LIBRO LAS DIOSAS EN LA EDAD MADURA Jean Shinoda Bolen

Actualizado: 18 jul



Les comparto aquí un extracto del libro de la Doctora Shinoda Bolen sobre el arquetipo de la Afrodita , de su libro Las diosas de la mujer madura.

Prontito en Agosto Ya tendremos el curso de la menopausia y los ritos de pasaje, claro... desde la visión del chamanismo femenino, en el cual veremos tambien los arquetipos de las diosas en la madures.

espero lo disfruten. gracias!


AFRODITA, LA DIOSA DEL AMOR Y LA BELLEZA La mujer amante y creativa Afrodita, la diosa del amor y la belleza, a quien los romanos llamaban Venus, era la diosa olímpica más hermosa. Fue el tema preferido por los escultores, los cuales la representaban desvestida o a medio vestir para revelar su cuerpo sensual. El nacimiento de Afrodita se produjo en el mar, y lo inmortalizó Botticelli en El nacimiento de Venus, pintura del Renacimiento que no traslucía la violencia subyacente que había precedido al mítico nacimiento. Crono (el padre de Zeus) venció al padre de la diosa, el dios del cielo Urano, lo castró y tiró sus genitales al mar, de los cuales nació Afrodita. La diosa olímpica emergió de su concepción oceánica como una divinidad adulta, y cuando llegó a la orilla, los olímpicos la recibieron como si fuera uno de ellos. Fueron varios los dioses que codiciaron su mano, y ella fue libre de elegir marido. Su elección recayó en Hefesto, el dios cojo de la fragua. Afrodita tenía el poder inquietante de obligar a dioses y mortales a enamorarse. Sólo podían resistírsele las diosas virginales. Ella misma tuvo muchas aventuras amorosas, a las que sucumbía con toda libertad. Su culto se practicó en el pasado, pero a medida que la cultura fue cambiando, terminó convirtiéndose en la diosa vilipendiada de las rameras. La escisión entre virgen y ramera que los Padres de la Iglesia propugnaron impidió que se la venerara o se celebrara la naturaleza sensual y sexual de la mujer. De todos los arquetipos femeninos, Afrodita fue el más anulado y explotado: toda mujer que se respetara debía renunciar a esa parte de sí misma.

Los mitos de Afrodita narran que la diosa tuvo muchos amantes, de los cuales los más famosos fueron Ares, el dios de la guerra, Hermes, el mensajero de los dioses, y los mortales Anquises y Adonis. Casi todos sus amantes le dieron hijos, y muchos de ellos también son conocidos. No tuvo descendencia, en cambio, con el cornudo de su marido Hefesto, pero como unión simbólica de la belleza y las artes (o de la musa y el artesano), podría decirse que los preciosos adornos y los objetos innovadores que creó el dios fueron la progenie de ese matrimonio. Afrodita representa una excepción entre las diosas olímpicas. Era libre de seguir sus propias inclinaciones como Artemisa, Atenea y Hestia, pero no puede decirse que fuera virginal. Se la conocía por sus relaciones, como a Hera, Deméter y Perséfone, pero a diferencia de ellas, no la humillaron, ni la violaron o maltrataron.


Afrodita también sucumbía a su hechizo de amor; la diosa era irresistible, pero fue ella la primera en sentirse atraída por la belleza de Adonis y Anquises. La atracción mutua es la "química" que se da entre los amantes; y cuando dos sustancias químicas reaccionan, ambas se transforman en el proceso. Del mismo modo, existe un eros o una "química" parecida aunque no sexual entre dos personas con una relación transformadora y creativa, como, por ejemplo, la que implica pro- mocionar a alguien, enseñarle, dirigirle, editarle su obra, someterlo a terapia o incluso actuar de progenitor, según la cual uno de los miembros extrae el potencial del otro a partir de una combinación de pericia y amor. La gente comprometida en estas profesiones y que es buena en su campo, se entrega en cuerpo y alma al trabajo, y estas relaciones llegan a influir en su psique. En su tarea son como los alquimistas de la Europa medieval, que trabajaban para" intentar transformar la materia base en oro mientras se implicaban en una búsqueda espiritual y esotérica que las transformara como personas. En sentido metafórico, todo aquello que es común y apto para desarrollarse es la materia base de la vida cotidiana susceptible de ser transformada en "oro".

La afrodita que cree en el sueño de su amado sobre lo que éste podría conseguir o llegar a ser es una "portadora de visiones".* Las portadoras de visiones ven y creen en un talento o un potencial (en la belleza de la persona o el proyecto) antes de que resulte explícito, y alimentan el sueño hasta que se vuelve realidad. Sin embargo, mientras que una mujer afrodita en especial puede ser la portadora de visiones o la musa de un hombre en concreto que esté viviendo un momento crítico, y ser su amante o su esposa, las profesionales que ven y saben extraer el potencial de los demás necesitan recordar que su trabajo hace entrar en acción a Afrodita, y que el arquetipo podría atraerlas hacia una relación personal que traspasara los límites éticos. Existe el riesgo de enamorarse de la creación propia; de convertirse en el mítico escultor Pygmalion o el profesor Higgins del musical My Fair Lady. Ese riesgo, además, no lo corren sólo los hombres, sino que en ocasiones también pueden correrlo las mujeres que ejercen una profesión creativa y son capaces de erigirse en mentoras de sus discípulos. *Del ensayo de Daniel Levinson sobre los hombres de éxito. Todos esos hombres contaban con una mujer que creía en ellos y en sus sueños, y a la cual el autor denomina "portadoras de visiones". Cf. con referencias de las notas del capítulo.


Afrodita: un arquetipo difícil Afrodita como el arquetipo de la amante es un modelo problemático para la mujer cuando forma parte activa de su psique. Al contrario de lo que ocurre con los arquetipos de las diosas vulnerables, que buscan relaciones duraderas y se comprometen con ellas, lo que busca el arquetipo de Afrodita es la intensidad. Cuando la pasión decae en una relación, y Afrodita se siente atraída por otra persona, las consecuencias pueden ser devastadoras para la mujer. Su independencia sexual es una amenaza para el hombre individual y el patriarcado, y le aplicarán los epítetos y los castigos más severos que puedan emplearse contra el sexo desenfrenado. Incluso en un entorno cultural como el nuestro, la mujer soltera que disfruta de su sexualidad con más de una persona sabe que debe mantenerlo en secreto para evitar ser juzgada y despertar celos. La conservación del control masculino (religioso o civil) sobre los cuerpos de las mujeres es un tema fundamental que subyace en el control de la natalidad y el aborto, y en la invalidación de la decisión que el Tribunal Supremo tomó en el caso Roe contra Wade, según la cual interpretó el aborto como un asunto de carácter privado entre una mujer y su médico. Los fundamentalistas definen a las mujeres en dos clases: las respetables y las prostitutas. La mujer que despierta el deseo ajeno no debe sentir ese deseo, porque entonces será culpable de ser deseable, aun en caso de violación. En tiempos bíblicos a las adúlteras se las lapidaba hasta la muerte. La muerte de la mujer sigue siendo el castigo que se imparte por perder la virginidad, sea voluntaria, sea a causa de una violación, y lo mismo se aplica al adulterio en muchas sociedades fundamentalistas islámicas. Hasta el siglo pasado en Estados Unidos la costumbre y las leyes patriarcales decretaban que el cuerpo de la mujer era propiedad del hombre. Ella debía permanecer virgen hasta el matrimonio, y una vez casada su cuerpo pertenecía a su marido, el cual era el único que podía sexualmente, asegurándose que la procreación de sus hijos fuera exclusivamente suya. El marido que descubría a su mujer con otro hombre podía matarla y ser exonerado del cargo alegando delito pasional. Sin embargo, a pesar de que en la actualidad las leyes y las costumbres están cambiando, expresar el arquetipo de Afrodita les sigue resultando muy peligroso a las mujeres. Ha habido afroditas que llegaron a ser muy famosas y veneradas como cortesanas, pero es una trayectoria que siempre ha estado plagada de peligros. Es una línea muy delgada la que separa el trato de cortesana y el de prostituta, y es fácil pasar de una condición a otra si se ha perdido la belleza o el favor del protector.

Elecciones conscientes y creatividad Enamorarse es una experiencia arquetípica, como una fuerza de la naturaleza. Es algo que le sucede a una mujer en especial. Ahora bien, lo que esa mujer en cuestión decida hacer luego sólo le incumbe a ella.

En este punto es donde entran en liza la sabiduría y la preocupación por los demás, la capacidad de determinar el camino a seguir y ser consecuente. Si no se interrelacionan todos estos factores, Afrodita genera el caos en la mujer y en las vidas de todos los que la rodean. La mujer madura que evoca a Afrodita suele encontrarse frente a una encrucijada de la vida definitiva. Precisará, por consiguiente, la sabiduría de Metis y Hécate, la compasión de Kuan Yin, la capacidad de conocerse a sí misma y, finalmente, la de poder elegir con libertad. Afrodita es un poderoso arquetipo responsable de la sexualidad instintiva que surge de repente en las adolescentes, la cual, si no se inspira en el buen criterio, puede ser catastrófica para una muchacha. Mostrarse accesible sexualmente la expondrá a que la utilicen, al embarazo, a las enfermedades de transmisión sexual, al rechazo y a padecer una baja autoestima. Cuando en una mujer que posee otros arquetipos activos (en especial Atenea y Artemisa) se evoca la figura de Afrodita, a esa mujer le resulta mucho más fácil salir en defensa de su propia persona y considerar otras prioridades. En los casos en que Afrodita es el arquetipo dominante, sobre todo en una mujer físicamente atractiva, es necesario estar tomando siempre decisiones de un modo consciente. Afrodita también es el arquetipo de la creatividad. La intensidad misma y el ensimismamiento absoluto que resulta de enamorarse es esencial para el proceso creativo. Cada nueva obra, o cada directriz nueva, tiene una vitalidad propia, y la persona creativa a menudo se siente fascinada y preocupada por el resultado de su trabajo. En este aspecto se dan la mano la técnica y la espontaneidad, las decepciones y las epifanías, y cuando al final la obra se termina o se agotan las energías para llevarla a cabo, la mujer afrodita vuelve su mirada a una nueva tela o un nuevo proyecto. Gracias a la creatividad, la obra puede desarrollarse, y cada esfuerzo realizado se sumará a la profundidad de la experiencia y la categoría del artista. Afrodita aporta vivacidad a la psique, una vivacidad que imbuye a la vida de amor y belleza y que potencia la capacidad de vivir el presente. El lado oscuro de Afrodita es la otra cara de la misma moneda: cuando sólo existe el presente, la mujer es capaz de ignorar las consecuencias de sus actos, tanto en el prójimo como en su misma persona. Los aspectos sombríos de Afrodita, desde no acudir a las citas hasta traicionar la confianza y la fidelidad, pueden deteriorarlas relaciones de una mujer, sumirla en un panorama de lo más negro y propinarle lecciones muy duras. Como consecuencia, la mujer tiene la opción de eliminar a Afrodita, que es lo que suele suceder, o buscarle un lugar en el ámbito de la creatividad, el trabajo, la imaginación o el matrimonio.

Afrodita en la edad madura La afrodita que envejece bien lo consigue porque ha cultivado su sabiduría (como la que personifican Hécate, Metis, Sofía o Hestia). El arquetipo de Afrodita ya no guía su conducta, pero tampoco la ha abandonado. Esa mujer conserva la capacidad de fascinarse con la belleza que aprecia en el mundo y en las personas. Saborea la experiencia y, por lo tanto, disfruta de la vida. Su capacidad de vivir el presente, que debió de ser un problema en su juventud, se troca en un don positivo que imprime una mayor calidad de vida a la jubilación y la vejez. Al margen de la edad, esa mujer es sensual. Ésta es la auténtica y genuina anciana esplendorosa. La sensualidad de Afrodita se halla en mujeres que disfrutan de la buena mesa, del sexo pleno y de un buen masaje. Ser sensible a la experiencia es una faceta característica de las mujeres que valoran la experiencia sensorial de la vida. Afrodita admira la belleza y ama lo que contempla, cualidades que nos hacen agradecer sentirnos vivos. La capacidad de enamorarnos de personas, objetos y lugares no desaparece con la edad, siempre y cuando afrodita siga manteniéndose activa, pero la intensidad disminuye, y la modera la sabiduría. Gloria Stuart, la actriz nominada al Oscar por su papel en Titánic de una superviviente de noventa años, publicó su autobiografía a raíz de la fama que le dio la película. En el libro deja entrever que posee rasgos de Afrodita. La actriz se describe como una mujer que ha sido sexual toda su vida, y en su momento captó el interés de la prensa por su defensa sana y alegre de la masturbación en ausencia de un compañero sexual. Cuando una mujer envejece, se vuelve invisible como objeto sexual, pero el arquetipo puede seguir habitando en ella independientemente de su condición.

La sexualidad y la sensualidad son inherentes a la mujer afrodita, tanto si los hombres reaccionan a sus encantos como si no. Las mujeres afrodita son sensuales, y la sensualidad no desaparece con la edad. Pude constatarlo en los movimientos de la danza del hula-hula que realizaba una anciana hawaiana de más de setenta años, cuya sensualidad natural no dejaba traslucir los años, ni el sobrepeso (según nuestros criterios) que movía de un lado a otro con infinita gracia. Los años de madurez también nos dan tiempo para desarrollar los aspectos creativos de Afrodita, que quizá sólo aparezcan cuando remiten los papeles de esposa, madre, trabajadora y ama de casa malabarista. La abuela Moses, la pintora, o Tillie Olson, la escritora, situaron sus dotes creativas en la retaguardia de sus vidas mientras se ocuparon de sus respectivas familias, algo bastante común en las mujeres. Para desarrollar su creatividad, la mujer necesita el apoyo de los demás, y a menudo eso no es posible hasta más adelante. A menos que su obra sea comercial, a la mujer que posee la pasión de Afrodita para crear se la desanima a seguir ese camino durante las dos primeras etapas de su vida. Si se toma el tiempo necesario para realizarse, la consideran caprichosa, carente de sentido práctico o egoísta; y hasta que no es una anciana y los demás opinan que esa pasión puede convertirse en una afición, la creatividad de Afrodita no puede liberarse.

La afrodita tardía En nuestra cultura no esperamos que las mujeres de edad avanzada se enamoren o se muestren sexis y sensuales. Puede que no encajen en la imagen que los demás se han hecho de Afrodita, la amante, pero de todos modos este arquetipo no se jubila a los cincuenta o a los sesenta y cinco, sino que puede llegar a florecer de nuevo o incluso surgir por vez primera a los setenta, y eso es algo que he presenciado. Cuando dos personas de cierta edad se enamoran, la magia se centra más en la belleza del alma que en la de los cuerpos, sobre todo porque no la condiciona el instinto relacionado con la supervivencia de la especie. Cuando eso ocurre, la magia es superior, por cuanto ese amor es inesperado. El curso de esa relación o la manera de llevarla a buen término ya es otra historia. Si ella está casada, o bien lo están ambos, tendrá que disfrutar de esa sensación íntimamente y en secreto. Es posible que su sufrimiento se equipare a su amor, dada la imposibilidad de estar juntos, o puede que la persona se encuentre ante una encrucijada moral que la obligue a tomar una decisión. Sin embargo, aunque ambos sean libres legalmente de unirse, quizá el curso de su amor no pueda seguir el rumbo que merece por la oposición de los hijos mayores de alguno de los dos miembros de la pareja, o bien a causa de entrar en contradicción con los arquetipos de las diosas virginales que hay en ella (es posible que la mujer codicie más su propia independencia que la posesión de su amado). Las pasiones de la madurez pueden resultar mucho menos convencionales, así como ser elecciones sumamente personales, e imagino que esto ya está sucediendo. Si ésta es la tendencia, habrá más relaciones otoñales-primaverales entre mujeres mayores y hombres jóvenes, un mayor número de primeros amoríos tardíos entre mujeres y de amantes de distinta condición o raza. Muchas mujeres (sobre todo si poseen el arquetipo de Afrodita manifiesto) adoptan actitudes juveniles, una mentalidad más abierta y un aspecto más radical a medida que envejecen. Encuentran que los hombres de su misma edad y formación son aburridos y parecen más viejos que ellas. Aunque no sea nada convencional, la mujer mayor que toma sus propias decisiones forma parte de una generación de mujeres acostumbradas a definirse. Si éste es el caso, la mujer en cuestión considerará la oposición familiar, su temor a parecer una anciana loca o seducida y decidirá en consecuencia. Afrodita también puede inducir a dos individuos a tener una relación sirviéndose del amor y la belleza, y de todo ello resulta una alegría sin mácula, especialmente para dos personas mayores que se sienten bendecidas por haberse encontrado en esta época de su vida, y que cuentan con el apoyo y la alegría de amigos y familiares.

La afrodita tardía también puede aparecer por sorpresa en un matrimonio que lleve décadas casado. En ocasiones afrodita se despierta cuando el último hijo abandona el hogar y marido y mujer pueden volver a convertirse en pareja, o bien cuando el esposo se jubila, el cónyuge alcohólico vuelve a estar sobrio o alguno de los dos sobrevive de milagro a la muerte. A veces la menopausia libera a afrodita, quien únicamente surge cuando ya no hay riesgo de quedar embarazada. El cambio de circunstancias, los trastornos hormonales y las mutaciones de arquetipos contribuyen a hacer posible la aparición de afrodita.