ENSEÑANZAS DE LA HERMANDAD del libro "Mujer de medicina"



Capítulo Nueve - Ven - me dijo Agnes tomándome del brazo - iremos a comer algo a la cabaña y después vamos a prepararte para tu danza. - ¿Que fué lo que dijiste, Agnes? ¿Mi danza? Agnes me miró de una forma como indicándome “cállate y sígueme”. Me levanté y escuché a July tocando su flauta de vuelta. En la cabaña comimos algo en silencio. Aproveché que ví salir a Ruby y Agnes y me tiré en la cama a descansar un rato. Soñé que estaba capturada dentro de una gigante canasta ceremonial y estaba tratando de trepar uno de sus lados para poder salir. - Levántate, Lynn - escuché la voz de Agnes que me sacudía del brazo. Me sentí aliviada de despertar de ese sueño y se lo dije a Agnes; la canasta! Otra vez estaba soñando con ella. - Si, me imaginaba que estabas soñando - dijo Agnes con una sonrisa - vieras la cara que tenías. Ruby estaba al lado de Agnes, sonriendo con curiosidad. Eso me llamo la atención; nunca había visto a Ruby sonreir ! Era increíble cómo le cambiaba su cara. Agnes me tomó del brazo y me jaló hacia afuera. Pasaba de la medianoche. - Esta es una noche sagrada para tí - dijo Agnes - ponte en esa forma sagrada que te he enseñado; iremos detrás del poder. Escucha a tus primos cantando, ahora volvemos. Agnes se metió en la cabaña y me dejó afuera. Los coyotes estaban aullando en algún lugar escondido de las Colinas. July estaba sentada con la espalda apoya en la pared, durmiendo. Había sombras de árboles en la tierra, moviéndose con el viento. Agnes y Ruby salieron poco después. Caminamos una buena distancia y después hicimos una abrupta vuelta a la derecha, en medio de dos ceros que parecían torres sobre nuestras cabezas. Únicamente el sonido de nuestros pasos rompía el silencio de la noche. El camino se iba estrechando y los árboles se iban cerrando; me sentía desorientada y un poco mareada. Agnes y Ruby iban tan cerca mío que sentía sus respiraciones en mis dos mejillas. De pronto llegamos a un claro; olía a algo diferente en el aire; como sulfuro o algo así, mezclado con el aroma de las plantas silvestres. Había leñas amontonadas y enseguida Ruby encendió el fuego. Miré alrededor mío; mi visión estaba parcialmente desenfocada. Agnes puso una hermosa manta indígena sobre el piso y me guió hacia el fuego. - Sácate la ropa, Lynn, y siéntate sobre ésta manta, junto al fuego. Mientras me desvestía Agnes se fué y cuando volvió tenía en las manos dos vasijas de arcilla con palitos adentro. Ruby empezó a entonar canciones. Luego Agnes empezó a orar y Ruby empezó entonces a sonar el tambor con un suave y continuo toque. Sus voces se levantaron en una hermosa canción en un lenguage misterioso que yo nunca había escuchado; me hubiera encantado poder entender su mensaje. Las lenguas de fuego se alzaron con la dirección del viento; sentí su calor en mi piel desnuda. Ruby y Agnes empezaron a danzar armoniosamente alrededor mío. Agnes percutía la sonaja del cascabel muy cerca de mi oído cada vez que se acercaba a mi. Yo estaba extasiada, pero aún, desorientada; Ruby seguía tocando el tambor y cantando, pero se fué alejando poco a poco hasta quedar situada enfrente de mi, dejando el fuego en el medio. Agnes se me acercó y guardo silencio... después dijo, - te hemos traído hasta este lugar de poder. Este lugar escondido que es sagrado para que vuelvas a nacer. Aquí te pintaremos y renacerás de nuevo; cambiarás definitivamente. Al ser pintada, empezarás una nueva relación, una estrecha relación con tu medicina de loba y debes hacerte cargo de tu responsabilidad. A continuacion, Agnes metió sus dedos en una de las vasijas de arcilla. Después, pasó uno de sus dedos desde el centro de mi cabeza dibujando una linea hasta mi frente. Se sentía húmedo. 43

44 - Esta pintura roja es para la mujer - dijo - la línea roja te une con la tierra, donde todo es fertilidad. Con dos movimientos seguros, Agnes dibujó dos lineas más, debajo de cada uno de mis ojos. Me ardió un poco. - Gran Espíritu, es tu voluntad que ésta joven mujer sea pintada. Permítele a ella, que está sentada en este antiguo sitio de poder, nacer pura de nuevo. Ha sido purificada con el vapor y ahora que la estoy pintando de ésta manera, te pido que la purifiques una vez más, profundamente. Separa a ésta mujer de todas sus penas del pasado. Después, Agnes me pidió que me parara. Me paré rápidamente. Entonces pintó de rojo mis piernas. Yo estaba ahí parada, mirando el fuego, pero sin perderme ningún movimiento de lo que Agnes estaba haciendo. Pintó unas lineas delgadas desde mis hombros hasta las muñecas, y después me pintó por debajo de los brazos. Después, examinandome, caminó alrededor mío cuatro veces. - Hemos ahogado a la muerte aquí está noche - dijo Agnes, mirándome a la cara - éste poder se queda aquí con nosotros, hemos matado tantas, tantas cosas. Pero ahora viajarás por el sendero sagrado, empezarás a dar los primeros pasos de tu nueva caminata. Bienvenido al que nos está mirando, al guardían de la lejanía. Éstas lineas en tus brazos son el símbolo del arco iris, el recipiente de los soñadores. Yo me sentía perfectamente calma, tomándome todo muy en serio; mirando a Agnes desde mi corazón, con mis ojos cerrados. La había sentido en cada linea que me había pintado, sentí todo en silencio; abrí mis ojos, no lo podía creer; Agnes estaba ahí, mirándome, con una sonrisa en la boca y lágrimas resbalando por sus mejillas. Agnes se agachó y tomó un bulto de piel; lo levantó con sus dos manos y lo extendió hacia mi. Ruby empezó a tocar el tambor con más fuerza; su sonido resonaba en mi pecho, uniéndose a los latidos de mi corazón. - Ponte esto - me dijo Agnes - es un vestido y unos mocasines, yo los usé cuando era una jovencita, tienes nuevas ropas esta noche, porque eres una mujer nueva. Tomé el bulto de piel de sus manos y lo desenvolví; con mucho cuidado me puse el vestido, era resplandeciente, con lentejuelas de cristal que brillaban como gotas de oro. Había varios símbolos tejidos en la falda y las mangas. Me quedó perfecto, al igual que los mocasines, también bordados. Me sentí como una niña, una niña mimada que su madre viste y peina. - Has sido entrenada en las artes heyokas - me dijo Agnes poniendo una de sus manos sobre mi hombro - éste vestuario te ayudará en tu aprendizaje. Las plumas serán la señal. Agnes puso una pluma de Buho en cada una de mis orejas. Me sentía en una burbuja, flotando en el espacio. Me había olvidado del mundo. - Ven Lynn, siéntate, te contaré sobre mi propia maestra - me dijo Agnes, dando una palmada en la manta, indicándome que me sentara junto a ella. - Hace mucho mucho tiempo, Lynn, yo estuve casada y tuve una hija. Los inviernos a veces son muy crudos más arriba en el norte. Uno de esos días de invierno mi hija salió a jugar afuera de la cabaña. Mi hija era muy pequeña, tenía cuatro años. Nosotros teníamos perros y los habíamos entrenado para ser perros feroces, para que nos ayudaran en la cacería. Cuando ví que mi hija no estaba en la cabaña, salí a buscarla, pero los perros la encontraron antes que yo y me la mataron. Nosotros la llevamos de nuevo adentro de la cabaña y la pusimos en medio nuestro toda la noche, tratando todavía de trasmitirle calor. Yo tenía planeado darle mi vestido a mi hija algún día, ahora te lo he dado a ti. Mi hija se llamaba pequeña lobita negra danzante. Después de que ella murió, yo me quedaba todo el tiempo mirando hacia el este, donde nace el sol, tratando de devolverle mi hija a la madre tierra. Quizás, siempre tuve este vestido en mi poder porque no podía dejar ir a mi hija, mi pequeña lobita negra danzante.

Después, empecé a mirar también hacia el oeste, hacia dónde muere el sol, pero nunca fuí capaz de dejar ir mi dolor, hasta este momento. Así como la tierra es mi madre, yo soy tu madre. Ahora tengo una nueva hija; mi familia, mi clan, te recibirá como una de las nuestras. Mi lobita negra danzará de nuevo en ti. Todo eso fué antes de que yo supiera nada. Y pensé que la gente de medicina no merecia que yo les molestara con mi pena. Pero después mi marido también murió en un accidente en su trabajo, creo que el también había perdido su Corazón. Mi pena entonces fué más terrible, estaba muy sola, no sabía qué hacer; fué así como me encontró la mujer Heyoka que me enseñó todo. El poder vino hacia mí y ahí fué cuando adquirí mi nombre Agnes, que quiere decir “aquel que sabe los secretos”. No pude evitar que las lágrimas salieran de mis ojos. Miré a Agnes, pero ella me dió una palmadita en el hombro y continuó - Antes de eso, yo no me preocupaba por mí ni por mi vida o qué pasara conmigo. Yo no lo sabía; pero hay una gran medicina en ese abandono. Yo había escuchado que los Heyoka podían responder a cualquier pregunta y yo quería que alguien me dijera cómo sacarme aquel gran dolor. Pero mi maestra respondía a todas mis preguntas con otras preguntas. Ella actuaba como si ella no entendiera nada; hasta que me dí cuenta que ella vivía en el mismo centro sagrado y tenía el poder de cambiar todo como ella lo quisiera. Cuando terminé de hacerle tantas preguntas y volví a preguntarle porque mi pequeña lobita negra danzante estaba muerta, ella me contestó. - ¿Quién quiere saber quien está muerto? Esa mujer fué mi maestra. Ella me dió su medicina a través de muchos años, y un día desapareció y se fué para morir felizmente. Ella era una mujer que podía estar en todas partes y verlo todo. Yo la amé sin reservas cuando la conocí y mucho de ella quedó dentro mío. No sé qué hubiera sido de mi si ella no me hubiera mostrado mi camino. Gracias a ella yo encontré un propósito en mi vida. Los ojos de Agnes se encontraron con los míos, y yo seguí llorando hasta que sentí que había sacado toda mi pena. Me paré y junto con Agnes caminamos lejos del fuego. Mis nuevos mocasines eran muy cómodos, apenas sentía la tierra debajo de mis pies. Agnes tenía las dos sonajas de cascabeles. De pronto, se paró y estampó su pie en la tierra con fuerza varias veces, después dió un salto formidable en el aire y dió vueltas en el aire. Cayó con fuerza sobre sus dos pies y empezó a trotar en círculos alrededor mío, yo estaba muy sorprendida, no entendía bien lo que le pasaba; Agnes se puso en cuatro patas y empezó a mirarme y a hacer ruidos como si fuera un animal, me golpeó la pierna con su cadera invitándome a imitarla; empezó a aullar; su sonido no era humano. Sentí que mi pecho golpeaba y se rompía en el medio, el tambor de Ruby dejó de sonar, ya no lo escuchaba. - respira cuatro veces profundamente hacia las cuatro direcciónes - me dijo Agnes en una voz ronca y extraña - tira tu cabeza para atrás y no me mires. Hice todo lo que ella me ordenó. - Hazlo de vuelta - me gritó - ésta vez lanza tus brazos hacia adelante sacando el aire de tu pecho, jala la energía de la tierra mientras respires, roba esa energía estampando tu pie derecho en la tierra. No cometas errores, los lobos conocen este lugar, puedes hacerlo bien, Lynn; ahora vamos, marchemos, corramos. Seguí la dirección de Agnes lo mejor que pude, no se ni cómo estaba corriendo, pero sentía que lo estaba haciendo; escuché de nuevo el sonido del tambor que tocaba Ruby, corrimos hacia el este, mis cabellos hacia atrás con el viento; mis ojos no veían nada, trotamos despacio, después fuerte, después velozmente, hacia el norte y después de vuelta hacia el sur. En la punta de una colina paramos y observamos todo el paisaje allá abajo, di vuelta mi cara para poder ver a Agnes y agradecerle; pero no la encontré, solamente ví un lobo parado al lado mío, una hermana ahí conmigo en la oscuridad. El sonido del tambor paró de nuevo y el encantamiento se rompió. No se como seguí a Agnes pero sentí cuando ella me sacó mi vestido y me metió en la cálida agua de sulfuro. El agua se tiñó de rojo con la pintura como si las fuerzas de la naturaleza sangraran. - Lávate! - me ordenó Agnes. Me lavé, salí del agua y me tiré en la tierra. Miré hacia el cielo, busqué las estrellas, Agnes tiró la manta sobre mi. Era casi el amanecer.